Como norma general se aplica dos o tres veces por semana en la primera fase y posteriormente puede continuarse con una vez por semana según la evolución del paciente. La elección final sobre los parámetros, la frecuencia y el número de tratamientos corresponde al médico, quien, conociendo la patología, las características del paciente y evaluando su respuesta durante el ciclo de tratamiento que aplica la terapeuta, puede realizar una terapia personalizada.